UN PUENTE DOS DESTINOS. LADO DERECHO.MARIO. 11ª PARTE

Lucía había tenido mucha suerte encontrando en Mario ese amigo que aguantaba estoica y pacientemente las horas escuchando como ella se debatía para olvidar a Alberto. Ese ser siempre dispuesto a aconsejarla sobre como llevar su situación no tenía precio.  Incluso cuando sus frecuentes compromisos laborales le hacían viajar fuera de Madrid, y tras un largo día de conferencias y cursillos sobre motivación a ejecutivos, a Lucía nunca le faltaba   un buenas noches preciosa, ¿Qué tal ese día?

ImagenElla se sentía cómoda y protegida por ese ángel que el destino le había proporcionado. Poco a poco le fue resultando necesario sus charlas de cada día, con ellas hallaba muchas respuestas que hasta entonces ni tan siquiera había tenido preguntas. Desnudar sus sentimientos, miedos y carencias a Mario   era algo más dulce  y reconfortante que una terapia. Seguía sin haber sexo entre ellos, a lo sumo un cálido abrazo justo cuando él sabía que ella lo necesitaba. Y lo que más le gustaba, que no estaba empeñado en que  simplemente ella se olvidase de Alberto, al contrario, se diría que la  preparaba el futuro.

-Algún día te reencontraras con el  porque de la manera que se fue de tu vida , ese  capítulo aun no esta  cerrado-le dijo en una ocasión.

Ella se sonrió al escucharlo.

-Hace meses que me dejó. ¡Menudo psicólogo eres haciéndome creer que todavía tengo esperanzas!

-¡Es que no te digo que las tengas! sólo  que esta relación no la va a terminar el, sólo tú tendrás la última palabra.

A Lucía le encantaba escuchar esas palabras. Se sentía fuerte soñando con devolverle el golpe al hombre del que aunque  ya le pesase, aún estaba enamorada.

-Así se superan las etapas, con un par.-respondió eufórica y divertida Lucía.

-¡Esta es mi niña! -Dictaminó  él mientras le echaba su brazo por encima mientras paseaban por la ciudad.

UN PUENTE DOS DESTINOS.LADO IZQUIERDO.ANDRES. 10ª PARTE.

Los dos días que quedaban hasta la próxima cita con Lucía  los pasó Andrés meditando sobre ese encuentro. Esa joven parecía una buena persona, pero tenía un problema grave, quizás aún no tan crónico como el suyo, pero   él podría ayudarla. El no tenía experiencia en los menesteres de la vida, no había vivido como los demás pero  el pez grande no siempre se va a comer al chico y si David pudo vencer a Goliath, ¿por qué alguien como él no puede tener un amigo  o amiga y serle útil?

Ya era hora de cansarse  de esa resignación que cada día le consumía cualquier ilusión de ser como los demás.

“Si logras alegrar la vida de los demás, tu vida se alegrará por sí sola”,  lo había leído  hace tiempo y le había parecido egoísta, pero sentía que era el momento de serlo, además esta chica le inspiraba una rara cercanía y era ella la que había decidido hablar con él.

UN PUENTE DOS DESTINOS.MARIO.LADO DERECHO.10ª PARTE

La noche era  gélida pero bien abrigado no resultaba desagradable pasear por sus calles. Charlaron sobre las posibilidades a seguir. Había un par de locales que Mario conocía y se podía entrar, pero no les gustó la inevitable cola de la entrada.

Lucía se preguntaba cómo serian los amigos de Mario. No le extrañaba no conocerlos  aún, no tenía porqué. Ella tampoco le había presentado a nadie de su entorno. Tampoco es que tuviese mucho se recordó a sí misma.

De hecho todavía no sabía si considerar a Mario ya un amigo o aun un proyecto de. No tenía mucha experiencia en el tema, ser una persona tan reservada , siempre con miedo a ser herida, la había ido encerrando tras una puerta llamada  soledad, cuya única llave se la había dado a Alberto. Pero ahora ahí estaban ellos ,  como dos náufragos sociales, paseando juntos, como otras tantas tardes y noches. Estaba claro que no era atracción física, pues en todos esos meses nunca había habido el más mínimo intento de acercamiento. Ni tan siquiera ese inocente beso de despedida que un buen día se equivoca y termina rozando los labios del otro.

La noche les estaba resultando muy amena. Habían conseguido una botella de cava en la tienda de un chino que desafiaba todas las normativas municipales. Y entre risas habían conseguido después entrar en un bar de copas donde seguir brindando con un par de gin tonic .

-¿sabes? El otro día leí algo que me hizo pensar sobre tu profesión.

“Si no está para ti, no estará para ti aunque te pongas, y si está para ti, estará para ti aunque te quites”. Me pregunté qué  pensarías tú al respecto.

 

-Pues que suele ser  verdad.-respondió Mario.

-¿Entonces para qué necesitamos un personal coaching que nos guie,  si total, termina pasando lo que tiene que pasar, lo que este escrito o destinado?-contestó una  inusual distendida Lucía.

– A ver,  cuando alguien  se pierde en un cruce de caminos o no sabe cómo  ir  a algún sitio donde quiere  llegar, ¿pregunta a alguien que  lo conozca no? Pero no espera que esta persona la acompañe hasta el lugar  que quiere ,¿verdad?  Una vez que vuelves al itinerario correcto  que es tu propia vida y tu destino, ya sigues tú. Causalidades de la vida tú y yo nos teníamos que encontrar. Y me  alegra pasar esta primera noche del año contigo Lucía.

-A mi también, gracias por sacarme de mi rutina, amigo. –dictaminó ella con una amplia sonrisa.

Mario, satisfecho, se la devolvió.

 

roma en menos de 1000 palabras.pequeños placeres de la vida.

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Mi momento inolvidable en Roma podría haber sido ese rato que con los ojos bien  abiertos  estuve bajo la Capilla Sixtina.  O cuando al entrar  en el Coliseo, creí sentir el clamor de las gradas (cuando en realidad  ya casi no queda  ni piedra).  Vale, resultó  ser  un grupo de orientales  que había visto “Gladiator” y andaban como locos  emulando los gestos para las fotos .Dicen que los latinos gritamos mucho y los asiáticos en cambio nada, pues   éstos  ya se estaban adaptando perfectamente a nuestro gentío.   

Podría haber sido, pero tampoco es,  ninguno de aquellos  momentos  en los que callejeando sin rumbo fijo, siempre llegaba al mismo sitio: la Fontana de Trevi.  No creo que deba su tirón mediático a la  famosa escena de la  Dolce Vita ni a ninguna de las películas que allí han rodado, que deben ser muchísimas. Simplemente es porque  ese  lugar es como si te atrajese sin remedio. Y como si te correspondiese en afecto, porque aunque esté inundada de gente, “la Mamma Fontana”   siempre tiene ese hueco fresco  para que, vengas de donde vengas  te sientes  un rato  a su lado a descansar  frente a ella. Tires o no la moneda a la fuente, si vuelves a Roma, volverás a  visitarla y ella a acogerte.     

Sentí  el   inevitable  ataque de espiritualidad católica  cristiana al entrar en la basílica de S. Pedro.  Es normal, pues   se construyó así de majestuosa  e impresionante para  ese fin. Es lo que se consigue si  se ponen  muchos medios y los  mejores artistas  del momento al servicio de la Iglesia.  

Después de tanta divinidad  , era  necesario también  dejarse   llevar   por lo más   mundano,  y detenerse cámara en mano  frente  a    fachadas  que no  permanecen   desconchadas  por dejadez sino porque   el  maestro tiempo  también quiere dejar constancia de su paso por la Ciudad Eterna.  Me estoy refiriendo al Trastevere, El Barrio Judío  o cualquier otra zona de callejuelas  gastadas, estrechas , frescas, y sobretodo     vividas, muy vividas.  Que gustazo si además las saboreas mientras  te comes   unos  ricos albaricoques comprados en el mercado del Campo de Fiori.   

Qué triste está   la escalinata de la Plaza España sin flores, no parece ella. Aunque siga   acompañada   por  visitantes de todo el mundo estratégicamente  sentados  buscando la sombra.

Y para sombras bien planificadas, las de la plaza Nabona. Los restaurantes de ambos lados  de la plaza  ofrecen sus   servicios en las terrazas  acorde a las horas que reciben  el  sol  o  la  sombra.  Hasta que el  amigo “Lorenzo” no  se va por completo no  se aprovecha ni   luce entera. Entonces llegan los pintores de  paisajes y  caricaturas, el bullicio de la noche,  lo  paseos  después de una buena cena.     

 

Tampoco  me dejaron indiferente los atardeceres romanos. El presenciar como los tonos anaranjados del cielo se iban fundiendo  con el ocre de los edificios dando como resultado una luz especial .Que mejor momento para hacer un alto en el camino y disfrutarlos cuando además las piernas, y sobre todo los pies te pedían un  merecido respiro.     

Pero sin embargo  lo que semanas después más añoro es ese café con vistas a  la Rotonda, y a  su imponente inquilino: el  Panteón.  Me encantaría estar repitiendo ahora  ése  que

fué mi  dulce ritual   durante esos días. Me dirigía a la caja, pagaba el 1,20 euros  correspondiente  para  después con el ticket  dirigirme a una de esas  barras   de madera  que lo mismo pueden tener 100 años  que aguantar otros 100 mas.  Y después me sentaba,  sencillamente a ver la vida pasar. Con el  olor a café seduciéndome, mientras   movía esa crema que ya antes de probarla la estaba saboreando con  los ojos.    El sonido de la cuchara chocando con la taza. Si el arte se define como algo que te llega a los sentidos. Este  arte me esperaba caliente  en mis manos. Y por fin : el gusto.  

Los pequeños grandes placeres de la vida.